Entradas

Consejos de Tobit a su hijo

  Todos los días acuérdate del Señor, y no peques contra sus mandamientos. Compórtate rectamente todos los días de tu vida, y no vayas por malos caminos, porque si practicas la lealtad tendrás éxito en todo lo que emprendas, como todos los que se comportan rectamente. Haz limosna con tus bienes y no te desentiendas de ningún pobre, porque así Dios no se desatenderá de ti. Da limosna según tus posibilidades y los bienes que poseas. La limosna libra de la muerte y no deja entrar en las tinieblas. El orgullo es fuente de inquietud y ruina, y la ociosidad origina penuria e indigencia. La ociosidad es la madre del hambre. Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Si algo te sobra, dalo en limosna y no te entristezcas al darlo. Haz tu ofrenda de pan sobre la tumba de los justos, pero no le des a los pecadores. Busca el consejo de los prudentes, y no desprecies ningún consejo útil. Bendice en toda ocasión al Señor Dios: ruégale que sean rectos tus caminos, y que tengan éxito todo...

Canto de David

  El Señor es mi roca y mi fortaleza, mi libertador; mi Dios, la roca que me protege, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi ciudadela y mi refugio; el que me salva de los que me atacan. Invoco al Señor, digno de alabanza, y me hallo a salvo de mis enemigos. Las olas de la muerte me envolvían, me atemorizaban torrentes destructores, los lazos del abismo me apresaban, la muerte me tenía entre sus redes. En mi angustia clamé al Señor, grité a mi Dios. Él escuchó mi voz desde su santuario; mi grito llegó hasta sus oídos. La tierra, sacudida, retembló, se estremecieron las columnas de los cielos, se tambalearon bajo su furor. Una humareda subía de sus narices, y de su boca un fuego destructor, que lanzaba carbones encendidos. Inclinó los cielos y bajó, a sus pies tenía una densa nube. Montó en un querubín, emprendió el vuelo, sobre las alas del viento se cernía. De la oscuridad hizo un refugio; aguacero sombrío y nubes tenebrosas formaban una tienda en torno a él. El fulgor de su rostro de...

Sobre Los Romanos

   Aquel que se atreviera a desobedecer a Roma, las legiones invadirían su territorio, destruirían sus ciudades y aniquilarían a sus ejércitos. Tardarían más o menos en hacerlo, e incluso podrían sufrir algún revés en el proceso, pero al final lo conseguirían. Porque esos romanos no eran del todo humanos y no concebían que a veces debían negociar, retroceder, rendirse. No, esas palabras no entraban en su vocabulario. El poder de Roma era tan grande y tan conocido que bastaba con que enviará a unos individuos ataviados con mantos de lana para que todo un ejercito diera media vuelta y se rindiera, como un perro apaleado. Libro Roma Invicta de Javier Negrete